DIVERTIMENTO 2: MANCA FINEZZA

José Ramón García Vicente
Catedrático de Derecho Civil. USAL

El enriquecimiento sin causa ha dado lugar a interesantes sentencias del Tribunal Supremo. Aquí se examina, parcialmente, alguna sentencia del Tribunal Supremo relativa al llamado enriquecimiento indirecto.

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La lectura entrecortada de un libro bueno (Enriquecimiento injustificado en la encrucijada: historia, Derecho comparado y propuestas de modernización, dirigido al alimón por Pedro del Olmo y Xabier Basozabal y coordinado por Ángel Juárez, Thomson Reuters Aranzadi, 2017) evoca la frase de Giulio Andreotti al confrontar lo mucho que se sabe y piensa sobre el enriquecimiento sin causa o injustificado (que tanto da; pero no injusto: nuestro sistema económico se sustenta en un número razonable de pobres) con la jurisprudencia del Tribunal Supremo. Me detendré en los enriquecimientos indirectos en supuestos en que se resuelve el contrato de compraventa y el bien comprado (luego restituido al vendedor) ha sido mejorado por obra de un tercero que contrató con el comprador, tercero que, ante la insolvencia de su contraparte, ejerce una pretensión de enriquecimiento frente al vendedor. Un ejemplo.
En la STS 732/2000, 12 julio, una sociedad que transforma un buque en palangrero demanda a compradora y vendedora (que resolvió la compraventa) el pago de las obras ejecutadas en el buque por razones distintas. En lo que importa a la vendedora por enriquecimiento sin causa. Después de dos instancias en que se desestima su pretensión el Supremo falla a su favor y condena a la vendedora en el precio que se pactó por la obra siempre que se acredite la insolvencia de la compradora.
En el recurso de casación, además de alegar que se vulneró el principio que proscribe el enriquecimiento sin causa, la actora (la contratista insatisfecha) afirma que se infringieron, por inaplicación, los artículos 375, 376, 377, 430, 431, 432, 453, 1124, 1295 y 1303 CC. El Supremo reprocha la “confusa invocación” de preceptos que, según el Tribunal, tenían más sentido en el procedimiento de resolución (pero ¡si no fue parte!).
En primer lugar el Tribunal descarta la posibilidad de una condena solidaria, porque los títulos en que descansa su imputación son distintos: “es evidente que tal pretensión [de condena solidaria a vendedora y compradora-comitente] no puede prosperar por cuanto los presupuestos de esa clase de responsabilidad, establecidos en el artículo 1137 del Código civil, no se producen en este planteamiento litigioso ya que la atribución de la pretendida cualidad de deudoras a las entidades demandadas no se hace desde una sola y misma obligación -la de Comarfol, SA [compradora] se liga a un contrato de arrendamiento de obra que como comitente concertó con la demandante y la de Pescanova, SA [vendedora] se extrae de un alegado beneficio sin causa que de esa obra recibió siendo ella ajena al contrato en que se convino su realización-, obligación de la que se derivase una misma responsabilidad”.
Después enuncia su conocida doctrina más o menos estable sobre el enriquecimiento sin causa y dice: “Esa concepción, que sólo exige una correlación entre tales empobrecimiento y enriquecimiento, puede tener cabida tanto en el supuesto de una relación directa entre ambos interesados o a través de una atribución patrimonial indirecta desde la situación patrimonial de un tercero, siempre que los demás requisitos, incluido el de la subsidiariedad de la medida reparadora, concurran en el supuesto. El resultado injustificado es la esencia y núcleo del principio impeditivo del enriquecimiento. Sin más condicionamientos se establecen esos escuetos requisitos en las sentencias de esta Sala de 28 de enero de 1956 y 13 de octubre de 1995 con las que en ellas se citan.”
Por último, entra a rematar para justificar la “procedencia” de la condena a Pescanova SA: “Pero esa devolución se produce con exceso del objeto de aquella compraventa dada la transformación que en él se realizó por la demandante recurrente a instancias de la entidad compradora y cuyo importe de la obra transformadora no se le ha abonado a quien la hizo, y es ese buque transformado para otros cometidos el que recibe Pescanova, SA [vendedora que resolvió] para servirse de él en su nueva conformación, como había sido su conocido propósito anterior a la venta, sin haber respondido, en la más mínima medida, al precio de la transformación ni haber encontrado, en esa pasividad beneficiosa, obstáculo para recibir el, en realidad, nuevo buque tras obra en él realizada por importe muy superior al de su mismo valor, al no haber ejercido la recurrente, conforme al artículo 1600 del Código civil, derecho de retención ante su comitente de obra ni ante quien ve así beneficiado su dominio reservado en aquella venta. Aquel contrato de compraventa viene a terminar siendo el origen -desde la interferencia que, a través el incumplimiento en él por parte de la compradora, produce en la obra contratada y realizada en su objeto- del enriquecimiento actual de la vendedora a costa del trabajo e inversión aportados por la recurrente quien, a falta de pago del precio del arrendamiento de obra por la compradora que también es incumplidora en aquel contrato, termina empobrecida en la misma medida”.
Concluye en un largo párrafo o fundamento que podría ser empleado para un ejercicio de análisis sintáctico y signos de puntuación: “Sin embargo, la incidencia que la realización de aquellas obras transformadoras del barco ha de producir en la dinámica por la que, desde su mismo contenido, ha pasado el contrato de su venta no puede olvidar que ha generado una obligación primera, a cargo de quien concertó aquella realización, comprensiva del pago del precio del arrendamiento de obra y una obligación subsidiaria -como se pide-, cuando desde aquella de preferente cumplimiento no se logra dejar indemne al realizador de la obra, a cargo del beneficiario de dicha obra en base a la obligación que asume desde la aceptación de ese beneficio sin que puedan servirle de causa justificativa los efectos del contrato por el que vendió -ampliamente rebasados en su consecuencia última devolutiva- ni los de realización de obra a la que era ajena hasta el momento de aprovechamiento de su resultado con que indirectamente se hace al recibirlo sin reparos ni compensaciones, llevando esa situación a la estimación de este recurso con la consecuencia de casar y anular la sentencia recurrida en ese particular, de revocar en el mismo la sentencia de primera instancia y de estimar en parte la demanda rectora.”
A nuestro entender: (i) La solución más apropiada, con los textos legales en la mano, pasa por resolver el problema desde la “liquidación” del contrato de compraventa resuelto: las facultades o derechos que asistan a las partes en esa liquidación son embargables y, claro, cabe también su ejercicio por subrogación (arts. 592.2 LEC y 1111 CC). Allí es (en el Derecho de contratos) donde debe decidirse cómo se liquida el “exceso” del que habla la sentencia. Cabe añadir que la mejora no forma parte del contenido de las obligaciones propias del contrato de compraventa y que se trata, para el vendedor que resuelve, de un enriquecimiento “impuesto”. (ii) El régimen para liquidar expensas e impensas (y deméritos o pérdidas) en el caso de resolución por incumplimiento del contrato, que es “otro” caso de liquidación de estados posesorios, no es cáscara de coco. Si seguimos la remisión que nos indican los artículos 1123 II y 1122.6ª CC, salvo que cupiera el ius tollendi, “no hay derecho a indemnización” (art. 487 CC; y la contradictoria STS 870/1995, 13 octubre). Exige una pronta modificación legal. (iii) ¿Tiene que averiguar el vendedor que resuelve si las mejoras hechas en el bien vendido que recupera han sido hechas (y no cobradas) por terceros para “ofrecer alguna compensación” al comprador (o al tercero) que evite la sucesiva pretensión de enriquecimiento como sugiere la sentencia que señala sin que puedan servirle de causa justificativa los efectos del contrato por el que vendió -ampliamente rebasados en su consecuencia última devolutiva- ni los de realización de obra a la que era ajena hasta el momento de aprovechamiento de su resultado con que indirectamente se hace al recibirlo sin reparos ni compensaciones? (iv) No todo está perdido: léase la STS 439/2009, 25 junio.
Conclusión: parece necesaria la reforma de nuestro Derecho de contratos y del enriquecimiento sin causa y la solución a controversias relativas al enriquecimiento indirecto es un buen botón de muestra.

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